A todos nos gusta sentirnos especiales… entrar a un sitio y oler ese aroma que nos recuerda nuestra infancia , o escuchar un canción que nos levanta el ánimo.
Amsterdam tiene ese no se qué, que te dan ganas de volver una y otra vez. La amabilidad de las personas, crean una atmósfera cálida aún en invierno. Que a las 9am con 1ºC la camarera te ponga una sonrisa de buenos días, y un café con un corazón… es impagable.
Como dice mi abuela, en toda receta de la vida añade un poco de amor que va a salir mejor.
Fidelizarnos con un lugar, es conectarse con uno mismo.

